Nos educan para hacer siempre lo que debemos. Para tirar pa’lante, que las cosas se resolverán solas, porque somos mujeres fuertes y siempre, siempre tenemos que seguir con nuestra vida, limpiarnos las lágrimas y seguir. Pero a veces tenemos tantas obligaciones, tanta vida…que algo de nosotras se pierde entre el alboroto. 

¿Te acuerdas de la última vez que te paraste y te preguntaste a ti misma cómo estabas?¿Cuándo fue la última vez que diste un paso atrás y respiraste lento, para verlo todo desde otra perspectiva?

Nos dedicamos a hacer lo que “tenemos que”, pero nunca lo que QUEREMOS, lo que nos hace sentir VIVAS. Lo que nos emociona, excita, motiva. Nos dedicamos a nuestras obligaciones, pero nunca nos priorizamos a nosotras.

Si algo nos está enseñando la cuarentena, es que cuando vas quitando distracciones, muchos sentimientos salen a la luz. Cuando salir de casa ya no es una opción, reconectar con una misma es hasta necesario para no volverse loca entre cuatro paredes, tengamos jardín o no.

Lo principal es tomarnos unos minutos para hacernos un escáner. Sentarnos en un lugar tranquilo (o todo lo tranquilo que se pueda estar con toda la familia en casa), cerrar los ojos y concentrarnos en la respiración durante media hora. ¿Qué sentimos? ¿qué nos preocupa? ¿qué nos duele? Dar un paso atrás, y mirar nuestro alrededor.

Parece una tontería, pero obligarse a una misma a parar, nos ayuda a avanzar. Porque eso de que pase lo que pase, siempre tenemos que ir hacia delante está bien, en teoría, pero a veces el cuerpo nos grita que paremos durante un momento y sintamos lo que tengamos que sentir.

Hacer algo que nos tranquilice y nos guste durante una hora al día: skype con los amigos, bailar en el salón así porque sí, sin coreografía. Pintar, escribir, leer…Parar la intensidad durante sólo una hora. Priorizarnos. 

Para nosotras no hay una sola manera de ser feliz. Cada una se siente inspirada por algo diferente, tiene sus metas, sus preocupaciones, su todo. Lo más importante es ser fiel a una misma, conocerse y no perderse por el camino. Así podremos avanzar, dar lo mejor de nosotras y conectar con los demás.

Y tú, ¿cómo conectas con tu AlmA?